En las fotos antiguas la gente no sonreía, pero era feliz

Mi amiga Nika Vázquez Seguí, además de ser una avezada psicóloga parece ser también una aguda observadora en las redes y me dijo (traducido de su españolísimo acento al argento) “¿Oye, por qué sales con cara de culo en todas las fotos?” Lo de ‘cara de culo’ es mío, ella no habla así. Y no es la primera vez que me lo echan en cara por cierto, valga la redundancia. Pero esta nota del Diario El País me trajo algo de luz de una pose que me sale naturalmente y no pienso hablar con mi analista para cambiarla. 

 

Por ejemplo la nota explica “Hay una severidad que aparece por doquier en las fotografías victorianas. Charles Darwin (foto), que según todas las fuentes era un hombre afable y un padre cariñoso y bromista, parece congelado en la melancolía en todas sus fotos”. 

Más adelante habla de la actualidad “Un selfi risueño es la antítesis de un retrato solemne, una mera representación momentánea de la felicidad. No tiene ninguna profundidad, y por ende ningún valor artístico. Como documento humano resulta inquietantemente desechable”

Para culminar tajante “Qué hermosas y cautivadoras son las fotografías antiguas en comparación con nuestros ridículos selfis. Probablemente aquella gente seria se divertía tanto como nosotros, si no más. Pero no tenían la necesidad histérica de demostrarlo con fotos”.

En definitiva, pienso que una fotografía, así sea sacada con un celular pedorro, es arte. Y el arte es algo muy serio para que sea tomado a la risa o expresado por bisoños. Y los señores y señoras de las fotos antiguas respetaban cualquier forma de arte. 

 

La nota completa de El País

 

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